En septiembre celebramos la Independencia de México, pero también es momento de cuestionarnos otra forma de independencia: la de nuestro cuerpo frente a las enfermedades crónicas que amenazan la salud y la vida. Aunque el corazón late con fuerza, enfrenta un enemigo silencioso que empieza mucho antes de que aparezcan síntomas visibles: un metabolismo inflamado, alterado y descontrolado.
Una epidemia silenciosa que ya no podemos ignorar
Las cifras nacionales hablan por sí solas:
• 36.9% de los adultos mexicanos vive con obesidad, y más de uno de cada tres tiene sobrepeso (ENSANUT, 2022; Campos-Nonato et al., 2023).
• 47.8% de los adultos padece hipertensión arterial, y 65% de ellos ni siquiera lo sabe (Camila Pérez et al., 2023).
• La diabetes mellitus es la segunda causa de muerte en México, con miles de vidas truncadas cada año (INEGI, 2022).
• Solo en el primer semestre de 2024 se registraron 100,710 muertes por enfermedades del corazón, consolidando a los padecimientos cardiovasculares como la primera causa de mortalidad en el país (INEGI, 2024).
Detrás de estas cifras no hay solo “mala suerte” o genética: existe un hilo conductor claro. El metabolismo enfermo es la raíz que conecta la obesidad, la hipertensión, la diabetes y la enfermedad cardiovascular.

El metabolismo desequilibrado: el verdadero inicio del daño vascular
El metabolismo no solo regula calorías o peso corporal: es el eje que define cómo usamos, almacenamos y transformamos la energía. Cuando este sistema se ve alterado por un exceso de azúcares, ultraprocesados, sedentarismo y estrés crónico, aparecen tres mecanismos clave:
• Resistencia a la insulina, que impide un uso adecuado de la glucosa.
• Acúmulo de grasa visceral, altamente activa en promover inflamación.
• Inflamación crónica, que lesiona al endotelio y favorece la formación de placas arteriales.
Estos procesos generan un terreno fértil para la enfermedad cardiovascular, mucho antes de que existan síntomas.

México: un país en riesgo metabólico
La ENSANUT 2022 reveló un escenario crítico:
• 38.3% de la población tiene sobrepeso, 36.9% obesidad y 81% obesidad abdominal.
• Las personas con obesidad presentan un riesgo 1.7 veces mayor de diabetes, 3.6 veces mayor de hipertensión y 2.3 veces mayor de dislipidemia en comparación con aquellas con peso normal (Campos-Nonato et al., 2023).
• La diabetes tipo 2 afecta al 18.3% de la población adulta (12.6% diagnosticada y 5.8% sin diagnóstico) (Basto-Abreu et al., 2022).
Este panorama no solo compromete la salud actual: compromete también el futuro de la población más joven.
El subdiagnóstico: un enemigo invisible
Enfermedades como la hipertensión o la diabetes avanzan en silencio. En México:
• Solo 33% de los pacientes diagnosticados con hipertensión logra mantenerla bajo control (<130/80 mmHg).
• Cerca del 31.7% de los adultos con diabetes desconocen que la tienen, y de quienes lo saben, apenas el 36.1% alcanza un control glucémico adecuado (Basto-Abreu et al., 2022).
Esto significa que millones de mexicanos caminan cada día con una enfermedad no diagnosticada o mal controlada que crece lentamente su corazón y sus arterias.
Una epidemia estructural que nos involucra a todos
No se trata de culpas individuales, sino de un problema social y estructural:
• 40% de los niños y adolescentes ya vive con sobrepeso u obesidad (SEP/ENSANUT, 2025).
• Se han implementado medidas como la prohibición de ultraprocesados en escuelas (El País, 2025), pero la realidad demuestra que la prohibición por sí sola no es suficiente: se necesita educación nutricional, cultura de prevención y entornos que faciliten elecciones saludables.
México enfrenta una crisis de salud pública donde el metabolismo enfermo se ha convertido en la norma.
La prevención comienza en el metabolismo
La buena noticia: la prevención es posible, y está al alcance de decisiones cotidianas. Acciones simples, sostenidas y colectivas pueden cambiar el rumbo:
• Reducir el consumo de ultraprocesados y bebidas azucaradas.
• Incrementar la ingesta de fibra, frutas, verduras y grasas de calidad.
• Moverse todos los días, con ejercicio adaptado a cada persona.
• Dormir mejor, regulando el ciclo metabólico y hormonal.
• Detectar a tiempo hipertensión, diabetes y dislipidemias con chequeos rutinarios.
Estas medidas son más que hábitos saludables: son una estrategia de defensa activa para el corazón.

Conclusión
La salud cardiovascular en México no puede entenderse sin mirar al metabolismo. El corazón se enferma en silencio cuando el metabolismo pierde el equilibrio: obesidad, inflamación, glucosa elevada y descontrol metabólico son los primeros pasos hacia un desenlace fatal.
El reto es grande, pero también lo es la oportunidad: cuidar el metabolismo es cuidar la vida. Al hacerlo, no solo reducimos el riesgo de muerte, sino que abrimos la puerta a una vida más larga, activa y plena.
Referencias:
• Campos-Nonato, I., Galván-Valencia, Ó., Hernández-Barrera, L., Oviedo-Solís, C., & Barquera, S. (2023). Prevalencia de obesidad y factores de riesgo asociados en adultos mexic
anos: resultados de la Ensanut 2022. Salud Pública de México, 65 Supl. 1, s238–s247. https://doi.org/10.21149/14809
• Basto-Abreu, A., et al. (2022). Prevalencia de prediabetes y diabetes en México: Ensanut 2022. Salud Pública de México, 65 Supl. 1. https://doi.org/10.21149/14832
• Campos-Nonato, I., et al. (2023). Prevalencia, tratamiento y control de la hipertensión arterial en adultos mexicanos: resultados de la Ensanut 2022. Salud Pública de México, 65 Supl. 1.
• INEGI. (2022). Estadísticas de mortalidad. Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
• INEGI. (2024). Defunciones por enfermedades del corazón, enero-junio de 2024.
• SEP / ENSANUT (2025). Resultados sobre obesidad y hábitos alimenticios en escolares. El País.