Cómo una hormona del intestino cambió una historia de cien años de fracasos, y por qué la nutrición sigue siendo la pieza que falta
En los desiertos de Sonora y Arizona vive un lagarto venenoso, el monstruo de Gila, que puede pasar largas temporadas sin comer y, cuando por fin lo hace, devora hasta la mitad de su peso en una sola comida sin que su glucosa se descontrole. A principios de los años noventa, un endocrinólogo que trabajaba en un hospital para veteranos en Nueva York, John Eng, se preguntó cómo lo lograba. Encontró la respuesta en su veneno: un péptido de 39 aminoácidos que llamó exendina 4, y que imitaba a una hormona del intestino humano. Lo publicó en 1992. Su institución no quiso patentarlo, así que lo patentó él mismo y rentó un espacio en un congreso de diabetes para buscar quién se interesara.
En las dos entregas anteriores de esta serie recorrimos casi un siglo de medicamentos para bajar de peso que nacieron de accidentes, se vendieron antes de conocer sus riesgos y terminaron retirados por dañar el corazón, los pulmones o la mente. El hallazgo de Eng pertenece a otra historia. Suele contarse que los GLP 1 fueron un descubrimiento accidental más, pero eso es solo parcialmente cierto, y la parte que no lo es explica por qué esta vez el desenlace fue distinto.
¿Qué cambia cuando un medicamento trabaja con el cuerpo en lugar de contra él, y qué sigue sin resolverse?
UNA HORMONA QUE DURABA DOS MINUTOS
La hormona que imitaba la exendina 4 se llama GLP 1, siglas en inglés de péptido similar al glucagón tipo 1. A principios de los ochenta, el laboratorio de Joel Habener, en el Hospital General de Massachusetts, estudiaba el precursor del glucagón, una hormona del páncreas, y encontró que de él se derivaban otros péptidos desconocidos. La química Svetlana Mojsov, que trabajaba por su cuenta en identificar la forma activa de uno de ellos, empezó a colaborar con Habener. En 1986 demostraron que esa forma activa del GLP 1 se produce en el intestino, y en 1987 que multiplicaba por seis la liberación de insulina en páncreas de rata, a concentraciones equivalentes a las que circulan normalmente en la sangre.
Era la confirmación de una idea antigua: que el intestino, al detectar comida, envía señales que preparan al páncreas para liberar insulina. En 1992 se demostró en personas que una infusión de GLP 1 tenía efecto antidiabético. Pero había un obstáculo enorme. El GLP 1 natural dura en la sangre apenas uno o dos minutos antes de que una enzima, la DPP4, lo destruya. Como medicamento, en esa forma, era inútil.
Ahí convergen el lagarto y el laboratorio. La exendina 4 resistía esa degradación y duraba horas, lo que la convirtió en la base de la exenatida, aprobada por la FDA en 2005 como el primer medicamento de esta familia, indicado para la diabetes tipo 2. Al mismo tiempo, en Novo Nordisk, el equipo de la investigadora Lotte Bjerre Knudsen unió al GLP 1 humano un ácido graso que le permitía adherirse a la albúmina, la proteína más abundante de la sangre, para protegerlo de la enzima y de la filtración del riñón. Así nació la liraglutida, el primer análogo que podía administrarse una vez al día. En 2024, Habener, Mojsov y Knudsen recibieron el premio Lasker, uno de los reconocimientos más importantes de la medicina.
POR QUÉ ESTA VEZ ES DIFERENTE
Aquí conviene ser precisos. Es cierto que la ciencia del GLP 1 no nació buscando adelgazar: nació buscando insulina. Pero la pérdida de peso no fue una sorpresa comercial. La propia Knudsen ha escrito que siempre fue la idea desarrollar la liraglutida tanto para diabetes como para obesidad, y que desde 1997 tenían evidencia en animales de su efecto sobre el peso. Aun así, la licencia para diabetes llegó en 2009 y la de obesidad hasta 2014.
Lo que separa a los GLP 1 de todo lo anterior no es cuánta intención hubo en su descubrimiento, sino cómo producen la pérdida de peso. El dinitrofenol obligaba a las células a desperdiciar energía. Las anfetaminas, la fenfluramina y la sibutramina alteraban neurotransmisores que el cerebro usa para muchas otras funciones. El GLP 1, en cambio, es una señal que el propio intestino envía después de comer: le indica al páncreas que libere insulina y al cerebro que ya es suficiente. Los estudios con liraglutida mostraron que la pérdida de peso se debía a menor apetito y menor ingesta, no a un aumento forzado del gasto de energía. Por primera vez, el medicamento no le hacía violencia a la fisiología; la amplificaba.
Esto no significa que los GLP 1 sean simplemente una hormona natural sin riesgos. El GLP 1 que produce el cuerpo dura minutos; los medicamentos están diseñados para durar días y alcanzar niveles muy superiores a los fisiológicos. Imitan una señal, pero la sostienen con una intensidad y una duración que el organismo nunca produce por sí mismo. Esa diferencia explica tanto su eficacia como sus efectos adversos más frecuentes, sobre todo los digestivos.
DE LA DIABETES A LA OBESIDAD
Una vez resuelto el problema de la duración, los resultados superaron todo lo visto antes. La semaglutida, de administración semanal, fue aprobada por la FDA para obesidad en junio de 2021 con el nombre de Wegovy; en su estudio principal, los participantes perdieron en promedio 14.9% de su peso en 68 semanas, frente a 2.4% con placebo. La tirzepatida, que además activa el receptor de otra hormona intestinal llamada GIP, fue aprobada para obesidad en noviembre de 2023 y logró una reducción media de 20.9% con la dosis más alta, frente a 3.1% con placebo.
Pero la cifra que realmente cambió la historia no fue de peso. En el estudio SELECT, con 17,604 adultos con enfermedad cardiovascular previa y sobrepeso u obesidad, sin diabetes, la semaglutida redujo 20% los eventos cardiovasculares mayores: infartos, accidentes cerebrovasculares y muertes de origen cardiovascular. Después de un siglo en el que casi cada medicamento para bajar de peso terminó dañando el corazón, uno de ellos demostraba protegerlo.
Estos resultados tienen límites que conviene nombrar. SELECT incluyó solo a personas que ya habían tenido enfermedad cardiovascular, de modo que no demuestra el mismo beneficio en personas sanas que buscan bajar algunos kilos. Los grandes estudios de esta etapa fueron financiados por los propios fabricantes, como es habitual en el desarrollo de medicamentos; eso no invalida sus resultados, pero sí obliga a esperar la confirmación de estudios independientes. Y todos se realizaron en condiciones controladas, con seguimiento médico que muchas personas no tienen fuera de un ensayo clínico.
La etapa más reciente es la de las pastillas. En diciembre de 2025 la FDA aprobó la semaglutida oral para control de peso, con una pérdida media de 13.6% en 64 semanas en su estudio principal. En abril de 2026 aprobó el orforglipron, la primera molécula de esta familia que no es un péptido y que puede tomarse sin restricciones de comida ni de agua, con una pérdida media de 11.1%. Y en mayo de 2026 Lilly anunció resultados de la retatrutida, que actúa sobre tres receptores hormonales a la vez, con una pérdida media de 28.3% en 80 semanas; sigue en investigación y no ha sido aprobada.
Pérdida de peso promedio en los estudios principales
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Medicamento |
Duración del estudio |
Con el medicamento |
Con placebo |
|---|---|---|---|
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Semaglutida inyectable semanal |
68 semanas |
14.9% |
2.4% |
|
Tirzepatida inyectable semanal |
72 semanas |
20.9% |
3.1% |
|
Semaglutida oral diaria |
64 semanas |
13.6% |
2.2% |
|
Orforglipron oral diario |
72 semanas |
11.1% |
2.1% |
|
Retatrutida semanal, en investigación |
80 semanas |
28.3% |
Pendiente de publicación completa |
MÉXICO EN LA ERA GLP 1
México ya forma parte de esta etapa. El 17 de agosto de 2026, COFEPRIS aprobó la semaglutida oral de 25 mg, lo que convirtió al país en el primero de América Latina en autorizarla, aunque la aprobación no implica que ya esté disponible en farmacias. La patente principal de la semaglutida venció alrededor del 20 de marzo de 2026, lo que abre la puerta legal a versiones genéricas, pero a finales de agosto de 2026 no existía ninguna con registro de COFEPRIS, y la presentación inyectable de marca seguía costando entre 2,400 y 4,500 pesos por pluma.
Ese hueco entre demanda y acceso ya tiene consecuencias conocidas. COFEPRIS ha emitido alertas por plumas de semaglutida falsificadas que circulan en el país, y las versiones compuestas o magistrales que se ofrecen como alternativas baratas no cuentan con registro sanitario. Es el mismo patrón que vimos con las píldoras arcoíris: cuando el acceso legítimo no alcanza, el mercado informal llena el vacío.
LO QUE LOS GLP 1 NO RESUELVEN
Si esta serie enseña algo, es a desconfiar de las narrativas de solución definitiva. El primer límite de los GLP 1 es lo que ocurre al suspenderlos. En la extensión del estudio principal de semaglutida se dio seguimiento a 327 participantes durante un año después de dejar el medicamento y el programa de estilo de vida: recuperaron en promedio dos tercios del peso perdido, y su presión arterial y su glucosa regresaron hacia los valores iniciales. En esa extensión también se retiró el acompañamiento en estilo de vida, lo que pudo acelerar la recuperación, pero otros estudios muestran un patrón parecido aun manteniéndolo. Esto no significa que el medicamento no sirva. Significa que la obesidad se comporta como una enfermedad crónica, y que su tratamiento, como el de la hipertensión, funciona mientras se mantiene.
El segundo límite es la adherencia: datos de vida real indican que hasta 65% de quienes empiezan un GLP 1 lo suspenden durante el primer año. El tercero es la variabilidad: en los estudios de semaglutida, entre 32% y 40% de los participantes perdió más de 20% de su peso, pero entre 10% y 17% perdió menos de 5%.
El cuarto, menos discutido, es qué se pierde. Un consenso publicado en 2025 por cuatro sociedades científicas estima que alrededor de 20% del peso perdido con estos medicamentos corresponde a músculo. Esto no significa que la pérdida de músculo anule los beneficios; la mayor parte de lo que se pierde sigue siendo grasa. Pero sí significa que, sobre todo en personas mayores o con poca masa muscular, la calidad de la pérdida importa tanto como su cantidad.
LO QUE NO DEBE COMUNICARSE
No debe decirse que los GLP 1 son el nuevo fen phen: a diferencia de él, la semaglutida cuenta con un estudio que demuestra beneficio cardiovascular en personas con enfermedad cardiaca previa, aunque sus efectos a muy largo plazo siguen estudiándose. Tampoco deben presentarse como una cura, porque funcionan como tratamiento crónico. Y, sobre todo, no debe presentarse ningún suplemento, extracto o producto botánico como equivalente o alternativa natural a un GLP 1. No existe evidencia que lo respalde, y repetir esa promesa sería reproducir exactamente el error que esta serie documenta: que el negocio corra más rápido que la evidencia.
LA NUTRICIÓN, EL PUNTO CIEGO
Durante casi un siglo, la farmacología intentó resolver el peso venciendo al cuerpo: acelerándolo hasta el sobrecalentamiento, apagando el hambre con estimulantes, alterando la química del cerebro. Los GLP 1 representan algo distinto porque, por primera vez, el medicamento habla el idioma del propio organismo.
Pero amplificar la saciedad tiene una consecuencia que la conversación pública apenas empieza a reconocer: si se come menos, lo que se come importa más. El consenso de 2025 lo plantea como prioridad. Recomienda evaluar el estado nutricional antes de iniciar el tratamiento, prevenir deficiencias de micronutrientes y asegurar proteína suficiente, junto con entrenamiento de fuerza, para conservar la masa muscular; como meta práctica sugiere entre 80 y 120 gramos de proteína al día. Revisiones clínicas posteriores proponen repartir esa proteína entre las comidas, con alrededor de 2.5 a 3 gramos de leucina en cada una, el aminoácido que funciona como interruptor de la síntesis de proteína muscular.
Estas recomendaciones tienen una limitación honesta: buena parte se apoya en lo que sabemos de otras formas de pérdida de peso, como la cirugía bariátrica, porque muchos ensayos con GLP 1 no midieron con detalle qué comían sus participantes. Esto no significa que sean débiles. Significa que la nutrición ha sido, hasta ahora, el punto ciego de esta nueva era.
Quizá esa sea la lección más profunda de cien años de historia. Cada generación buscó la pastilla que hiciera innecesario pensar en la comida, y cada vez el cuerpo terminó cobrando la factura. Los GLP 1 son lo más cerca que hemos estado de un tratamiento que funcione con el cuerpo y no contra él, pero incluso ellos dependen de algo que ningún medicamento puede sustituir: que, cuando el apetito disminuye, cada bocado aporte lo que el organismo necesita para conservar su músculo, sus huesos y su equilibrio. Cuando la alimentación por sí sola no alcanza a cubrir esa necesidad, la suplementación dirigida puede ocupar un lugar legítimo, no como atajo ni como sustituto, sino como complemento de una nutrición que, después de un siglo de buscar cómo comer menos, vuelve por fin al centro de la conversación sobre cómo comer mejor.
REFERENCIAS
1. Eng J, Kleinman WA, Singh L, Singh G, Raufman JP. Isolation and characterization of exendin-4, an exendin-3 analogue, from Heloderma suspectum venom. J Biol Chem. 1992;267(11):7402-5.
Descubrimiento de la exendina 4 en el veneno del monstruo de Gila.
2. Friedman JM. The discovery and development of GLP-1 based drugs that have revolutionized the treatment of obesity. Proc Natl Acad Sci USA. 2024;121(39):e2415550121.
Relato del trabajo de Habener, Mojsov y Knudsen con motivo del premio Lasker 2024.
3. Knudsen LB. Inventing liraglutide, a glucagon-like peptide-1 analogue, for the treatment of diabetes and obesity. ACS Pharmacol Transl Sci. 2019;2(6):468-84.
Testimonio de la investigadora que desarrolló la liraglutida; confirma que la obesidad fue un objetivo desde el inicio.
4. Wilding JPH, Batterham RL, Calanna S, Davies M, Van Gaal LF, Lingvay I, et al. Once-weekly semaglutide in adults with overweight or obesity. N Engl J Med. 2021;384(11):989-1002.
Estudio STEP 1 que sustentó la aprobación de Wegovy.
5. Jastreboff AM, Aronne LJ, Ahmad NN, Wharton S, Connery L, Alves B, et al. Tirzepatide once weekly for the treatment of obesity. N Engl J Med. 2022;387(3):205-16.
Estudio SURMOUNT 1 de tirzepatida.
6. Lincoff AM, Brown-Frandsen K, Colhoun HM, Deanfield J, Emerson SS, Esbjerg S, et al. Semaglutide and cardiovascular outcomes in obesity without diabetes. N Engl J Med. 2023;389(24):2221-32.
Estudio SELECT, primera demostración de beneficio cardiovascular de un fármaco para obesidad.
7. Wilding JPH, Batterham RL, Davies M, Van Gaal LF, Kandler K, Konakli K, et al. Weight regain and cardiometabolic effects after withdrawal of semaglutide: the STEP 1 trial extension. Diabetes Obes Metab. 2022;24(8):1553-64.
Documenta la recuperación de dos tercios del peso un año después de suspender el tratamiento.
8. Mozaffarian D, Agarwal M, Aggarwal M, Alexander L, Apovian CM, Bindlish S, et al. Nutritional priorities to support GLP-1 therapy for obesity: a joint advisory. Am J Clin Nutr. 2025;122(1):344-67.
Consenso sobre proteína, micronutrientes y conservación de masa muscular durante el tratamiento.
9. Eli Lilly and Company. Lilly's triple agonist, retatrutide, delivered powerful weight loss in pivotal Phase 3 obesity trial. Comunicado. 21 de mayo de 2026.
Resultados iniciales de retatrutida; datos de la empresa, aún no equivalentes a una publicación completa.