El invierno representa uno de los periodos con mayor demanda para el sistema inmunitario. Los cambios en temperatura, la reducción del fotoperiodo, la mayor permanencia en espacios cerrados y las variaciones dietéticas propias de la temporada modifican la respuesta inmune innata y adaptativa.
Desde una perspectiva fisiológica, estas adaptaciones incluyen:
• descensos en la disponibilidad de vitamina D,
• alteraciones en ritmos circadianos inmunitarios,
• mayor estrés oxidativo,
• modificaciones en la microbiota intestinal,
• cambios en la barrera epitelial respiratoria,
• variabilidad metabólica que afecta la función inmunitaria.

Cuidar el sistema inmunitario en invierno no implica “estimularlo”, sino apoyar su regulación, mantener la integridad de barreras físicas y optimizar la función redox que sostiene la respuesta defensiva del organismo.
1. Barreras físicas: el primer nivel de defensa afectado por clima y ambiente
Las barreras epiteliales, piel, mucosas respiratorias e intestinales, son la primera línea inmunológica. En invierno, la baja humedad y la exposición al frío modifican estas estructuras.
1.1 Mucosa respiratoria
El aire frío y seco:
• reduce hidratación del epitelio,
• disminuye viscosidad del moco,
• ralentiza el movimiento ciliar,
• facilita la entrada de patógenos respiratorios.
Estudios muestran que la temperatura nasal más baja disminuye la eficacia de interferones locales (Huang et al., 2022).
1.2 Barrera intestinal
Cambios en dieta, alcohol y estrés estacional pueden:
• alterar microbiota,
• aumentar permeabilidad intestinal,
• modificar la concentración de metabolitos inmunomoduladores.
Una barrera intestinal debilitada incrementa la translocación de LPS, lo que estimula inflamación sistémica de bajo grado.
2. Ritmo circadiano e inmunidad: cómo la luz regula la respuesta defensiva
El sistema inmunológico posee ritmos circadianos estrictos. Durante el invierno, la menor exposición solar afecta:
2.1 Secreción de melatonina
La melatonina tiene funciones inmunomoduladoras:
• regula citocinas proinflamatorias,
• mejora actividad antioxidante,
• modula respuesta de linfocitos T.
Un fotoperiodo más corto prolonga su liberación, alterando la coordinación inmunológica.
2.2 Actividad fagocítica
Macrófagos y neutrófilos presentan ritmos diarios. La desincronización circadiana:
• reduce eficiencia fagocítica,
• altera señales inflamatorias,
• impacta la respuesta ante patógenos.
Chellappa et al. (2020) demuestran que la disrupción luz–reloj interno afecta vías inmunitarias dependientes del ritmo central.
3. Vitamina D y regulación inmune: una baja estacional esperada
La síntesis cutánea de vitamina D depende de radiación UV-B. En invierno, especialmente en latitudes superiores a 30°, la producción endógena disminuye notablemente.
La vitamina D:
• regula diferenciación de células T,
• modula producción de IL-10,
• mejora función de macrófagos,
• mantiene integridad epitelial.
Las deficiencias estacionales están asociadas con mayor incidencia de infecciones respiratorias (Martineau et al., 2017).
4. Estrés oxidativo en invierno: un componente ignorado de defensa inmunológica
El sistema inmune depende de un balance redox preciso. Los linfocitos, macrófagos y células NK requieren glutatión (GSH) para funcionar adecuadamente.
En invierno aumenta el estrés oxidativo debido a:
• menor exposición solar → menor activación endotelial antioxidante,
• dietas más densas en carbohidratos y grasas,
• mayor variabilidad glucémica,
• incremento de radicales libres generados por inflamación posprandial,
• mayor exposición a contaminantes en interiores.
Una disminución de GSH compromete:
• la proliferación de linfocitos,
• la producción adecuada de citocinas,
• la neutralización de radicales libres,
• la reparación tisular.
5. Microbiota y respuesta inmune en invierno
La microbiota modula la inmunidad a través de:
• SCFA (butirato, propionato),
• regulación de Treg,
• integridad epitelial,
• modulación del sistema nervioso entérico.
Durante el invierno, estudios de metagenómica han identificado:
• reducción en diversidad microbiana,
• aumento en Firmicutes,
• menor producción de SCFA,
• disbiosis inducida por cambios alimentarios.
Estos cambios reducen la modulación inmunitaria de origen intestinal.
6. Medidas basadas en evidencia para apoyar el sistema inmunológico durante el invierno

6.1 Exposición a luz natural
Entre 15–30 minutos al despertar mejora:
• supresión de melatonina,
• regulación del eje HPA,
• sincronización inmunológica circadiana.
6.2 Alimentación con fibra prebiótica
Favorece:
• microbiota estable,
• integridad intestinal,
• producción de SCFA inmunomoduladores.
6.3 Control de variabilidad glucémica
Evitar picos glucémicos repetidos reduce inflamación sistémica que afecta la función inmune.
6.4 Calidad del sueño
El sueño profundo mejora:
• actividad de células NK,
• producción de citocinas reguladoras.
6.5 Adecuada disponibilidad de antioxidantes y aminoácidos esenciales para la función inmunitaria
Aquí entra el punto final del blog.
7. Papel del GLINAC (glicina + N-acetilcisteína) en el soporte inmunológico: mecanismo bioquímico real
GLINAC es la combinación de glicina y N-acetilcisteína (NAC), dos precursores clave del glutatión reducido (GSH).
No es un “estimulante inmunológico”; su función es metabólica:
7.1 Precursores directos de glutatión
El glutatión es un tripéptido compuesto por:
• glutamato
• cisteína
• glicina
La velocidad de síntesis está limitada por la disponibilidad de cisteína y glicina.
GLINAC incrementa:
• síntesis de glutatión,
• capacidad antioxidante celular,
• defensa frente a radicales libres.
7.2 Impacto en células inmunitarias
Linfocitos T
Requieren GSH para:
• proliferación,
• diferenciación,
• señalización intracelular.
La deficiencia de GSH reduce la generación de respuestas adaptativas.
Macrófagos
GSH regula:
• actividad fagocítica,
• producción de citocinas,
• capacidad antimicrobiana.
7.3 Datos clínicos relevantes
Estudios en adultos mayores muestran que suplementar Glicina + NAC:
• aumenta glutatión intracelular,
• mejora función mitocondrial,
• disminuye marcadores de estrés oxidativo,
• optimiza señales inflamatorias (Kumar et al., 2021).
7.4 Relevancia específica para el invierno
Durante el invierno se observa:
• mayor estrés oxidativo,
• menor capacidad antioxidante,
• mayor exposición a patógenos respiratorios,
• mayor inflamación posprandial por dieta.
Optimizar glutatión a través de sus precursores es una intervención fisiológica razonable y científicamente fundamentada.
Referencias
Chellappa, S. L., Morris, C. J., & Scheer, F. A. (2020). Daily circadian misalignment disrupts innate immune responses. PNAS, 117(29), 17329–17338. https://doi.org/10.1073/pnas.2004105117
Huang, N., et al. (2022). Cold exposure impairs nasal antiviral immunity. Journal of Allergy and Clinical Immunology, 150(3), 642–651. https://doi.org/10.1016/j.jaci.2022.04.017
Kumar, P., et al. (2021). GlyNAC supplementation improves glutathione deficiency, oxidative stress, mitochondrial dysfunction, and inflammation. Clinical and Translational Medicine, 11(3), e372. https://doi.org/10.1002/ctm2.372
Martineau, A. R., et al. (2017). Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory infections: A meta-analysis. BMJ, 356, i6583. https://doi.org/10.1136/bmj.i6583