Pocas creencias nutricionales están tan extendidas como la idea de que el café "roba" minerales al cuerpo. La pieza central de esta historia es un compuesto llamado ácido clorogénico. Es el mismo responsable de buena parte de las propiedades antioxidantes del café, y también el principal implicado en su capacidad de interferir con la absorción de ciertos minerales. Un mismo compuesto, dos caras. Entender ese doble papel es la clave para consumir café con criterio.
EL COMPUESTO PROTAGONISTA: EL ÁCIDO CLOROGÉNICO
El ácido clorogénico pertenece a la familia de los polifenoles y es uno de los componentes bioactivos más abundantes del café, junto con la cafeína y los diterpenos. Se forma a partir de la combinación de ácido cafeico y ácido quínico, y su concentración varía según la variedad del grano, el nivel de tueste y el método de preparación.
Por un lado, este compuesto actúa como antioxidante: participa en la neutralización de radicales libres, contribuye a elevar la capacidad antioxidante del plasma tras el consumo de café y se ha asociado con protección frente al daño oxidativo del ADN en estudios de intervención en humanos. Por otro lado, ese mismo compuesto tiene una capacidad demostrada de formar complejos con ciertos minerales en el tracto digestivo, reduciendo su disponibilidad para la absorción.
Esto no es una contradicción ni una casualidad química, es simplemente la naturaleza de los polifenoles como familia de compuestos. La misma estructura molecular que le permite al ácido clorogénico donar electrones y neutralizar radicales libres, la propiedad detrás de su efecto antioxidante, es la que le permite formar enlaces con iones metálicos como el hierro, el calcio o el zinc. No se trata de dos efectos independientes que coexisten por accidente, sino de dos manifestaciones del mismo comportamiento químico, expresadas en contextos distintos: uno ocurre a nivel celular una vez que el compuesto ya fue absorbido, el otro ocurre en la luz intestinal, antes de que el mineral tenga oportunidad de cruzar la barrera digestiva.
Esto no significa que el ácido clorogénico sea "bueno" o "malo". Significa que su comportamiento bioquímico depende del contexto: qué se está consumiendo junto con el café, en qué cantidad, y con qué frecuencia. Es exactamente el tipo de matiz que la conversación popular sobre el café suele perder, y también la razón por la que este artículo no busca dar un veredicto único sobre el café, sino desglosar mecanismo por mecanismo lo que la evidencia realmente permite afirmar.
EL MECANISMO DEL HIERRO: EL EFECTO MÁS SÓLIDO
De los tres minerales que suelen mencionarse en relación con el café (hierro, calcio y magnesio o zinc), el hierro es donde la evidencia científica es más consistente y de mayor magnitud.
El mecanismo funciona así:
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El hierro de los alimentos se presenta en dos formas: hierro hemo, presente en carnes y con una absorción relativamente eficiente de entre 25 y 35 por ciento, y hierro no hemo, presente en fuentes vegetales, legumbres y alimentos fortificados, con una absorción naturalmente más baja, entre 2 y 10 por ciento.
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El ácido clorogénico y otros polifenoles del café forman complejos insolubles con el hierro no hemo directamente en el intestino delgado, lo que impide que este quede disponible para su transporte hacia el torrente sanguíneo.
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Estudios clásicos de balance en humanos han mostrado reducciones de entre 39 y 90 por ciento en la absorción de hierro no hemo cuando el café se consume junto con una comida, dependiendo de la concentración de polifenoles de la bebida.
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En un estudio cruzado con adultos sanos, la absorción de hierro a partir de una comida a base de trigo cayó de 7,6 por ciento a 1,7 por ciento cuando se acompañó con café, una reducción cercana al 64 por ciento.
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El efecto es medible incluso con una sola taza de 150 mililitros, y es proporcional a la carga de polifenoles de la bebida más que a su contenido de cafeína.
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En poblaciones de mayor edad, se ha observado que cada taza adicional de café consumida por semana se asocia con una reducción cercana al uno por ciento en los niveles séricos de ferritina, lo que refleja el efecto acumulativo de un hábito diario sostenido en el tiempo.
Vale la pena detenerse un momento en el mecanismo fisiológico exacto, porque entenderlo ayuda a dimensionar el efecto sin exagerarlo. El hierro no hemo, a diferencia del hemo, necesita ser reducido de su forma férrica a su forma ferrosa antes de poder ser transportado al interior de las células intestinales a través de un transportador específico llamado DMT1. Este paso de reducción es sensible al entorno químico del intestino: la acidez, la presencia de agentes reductores como la vitamina C, y la presencia de agentes quelantes como los polifenoles del café determinan cuánto hierro efectivamente llega a ese transportador en forma utilizable. Cuando el ácido clorogénico se une al hierro férrico antes de que ocurra la reducción, forma un complejo estable que simplemente pasa de largo por el tracto digestivo sin ser absorbido. No hay un "robo" de hierro ya absorbido, lo que ocurre es que ese hierro nunca llega a cruzar la pared intestinal.
Esto no significa que una persona con una alimentación equilibrada, que consume carne con regularidad y no depende exclusivamente de hierro no hemo, deba preocuparse por cada taza de café que toma. Significa que el momento en que se consume el café frente a las comidas ricas en hierro vegetal sí importa, y que ese detalle de horario cambia el resultado de manera significativa.
EL MECANISMO DEL CALCIO: UN EFECTO REAL PERO PEQUEÑO
El otro mineral que aparece constantemente en la conversación popular sobre el café es el calcio, generalmente ligado al miedo a la osteoporosis. Aquí la ciencia pide más matiz que en el caso del hierro.
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La cafeína tiene un efecto calciúrico, es decir, aumenta ligeramente la excreción urinaria de calcio durante al menos tres horas después de su consumo.
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Estudios de balance controlado muestran que el efecto depresor de la cafeína sobre la absorción intestinal de calcio es claro pero de magnitud muy pequeña, y no se traduce en un cambio significativo en la excreción total de calcio a lo largo de 24 horas.
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En mujeres premenopáusicas, se ha calculado que este efecto calciúrico equivale a un cambio en el balance de calcio de apenas unos miligramos por día, una cifra que se compensa fácilmente con una ingesta adecuada de calcio en la dieta.
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De hecho, se ha estimado que el efecto negativo de la cafeína sobre la absorción de calcio queda completamente neutralizado con tan solo una o dos cucharadas de leche añadidas a la bebida.
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Las revisiones más recientes de la relación entre cafeína y densidad mineral ósea concluyen que, en personas con una ingesta adecuada de calcio, no existe un efecto negativo neto sobre la salud ósea, y que los efectos negativos observados en algunos estudios epidemiológicos aparecen principalmente en personas con consumos de café muy elevados, por encima de nueve tazas diarias, o con ingestas bajas de calcio de base.
Esto no significa que el café sea inofensivo para el calcio en cualquier escenario. Significa que, para la gran mayoría de las personas con una dieta razonablemente equilibrada, el efecto es demasiado pequeño para tener relevancia clínica por sí solo. El verdadero factor de riesgo no suele ser el café en sí, sino que un consumo alto de café frecuentemente coexiste con un consumo bajo de lácteos y otras fuentes de calcio, lo cual es un problema dietético distinto.
EL MAGNESIO: LO QUE EL CAFÉ REALMENTE LE HACE
El magnesio merece una sección propia, porque en los últimos años se ha convertido en uno de los minerales más mencionados en el mundo del bienestar, asociado al sueño, al manejo del estrés y a la función muscular. Esa popularidad también ha hecho que las afirmaciones sobre el café y el magnesio circulen con mucha más rotundidad de la que la evidencia respalda, así que vale la pena desglosar el mecanismo con el mismo cuidado que se le dio al hierro.
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A diferencia del hierro, el efecto del café sobre el magnesio no ocurre principalmente en el intestino, sino en el riñón. La cafeína reduce la reabsorción tubular de magnesio, es decir, interfiere con el proceso mediante el cual el riñón normalmente recupera el magnesio filtrado en la sangre antes de que se pierda en la orina.
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En un estudio controlado con mujeres adultas, la administración de cafeína redujo el porcentaje de reabsorción renal de magnesio de 97,0 a 94,2 por ciento, un cambio estadísticamente significativo aunque de magnitud modesta en términos absolutos.
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Ese mismo estudio calculó que el efecto neto a lo largo de 24 horas equivale a una pérdida urinaria adicional de apenas 0,16 milimoles de magnesio, el equivalente a menos de 4 miligramos, una cantidad muy pequeña frente a una ingesta diaria recomendada que se ubica generalmente entre 300 y 400 miligramos.
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En términos agudos, es decir, en las horas inmediatas después de una dosis de cafeína, el aumento de la excreción urinaria de magnesio puede llegar a ser de hasta 45 por ciento comparado con el valor basal, aunque este pico se compensa parcialmente con una menor excreción durante el resto del día.
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A esta pérdida renal se suma un segundo mecanismo, más modesto y menos estudiado: los taninos y otros polifenoles del café pueden interferir levemente con la absorción intestinal inicial de magnesio, aunque la evidencia sobre este punto específico es menos sólida que la del efecto renal.
Esto no significa que el café "vacíe" las reservas corporales de magnesio, una afirmación que circula con frecuencia en redes sociales pero que no refleja la magnitud real del efecto medido en estudios controlados. Significa que existe un mecanismo renal genuino y bien documentado, de magnitud pequeña en el consumo habitual, que se vuelve más relevante únicamente en personas que ya parten de una ingesta dietética de magnesio insuficiente, algo bastante común en dietas con bajo consumo de vegetales de hoja verde, legumbres, frutos secos y semillas. En ese contexto específico, el café no crea la deficiencia, pero sí puede acentuar un déficit que ya existía por otras razones.
ZINC Y OTROS MINERALES: LA EVIDENCIA MENOS CONCLUYENTE
Con el zinc, la investigación es más limitada y, curiosamente, apunta en una dirección distinta a la que suele asumirse.
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Un estudio controlado en hombres sanos encontró que, a diferencia del calcio, el magnesio, el sodio y el cloruro, la excreción urinaria de zinc no se modificó de forma significativa tras el consumo de cafeína, lo que sugiere que el riñón no es la vía principal por la que el café podría afectar este mineral.
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En estudios experimentales con infusión intestinal directa de cafeína tampoco se encontró un efecto significativo sobre la absorción de zinc, lo que refuerza la idea de que, si existe alguna interferencia relevante, probablemente proviene de los polifenoles del café más que de la cafeína como tal.
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En contraste, el fitato presente en cereales integrales y legumbres tiene un efecto mucho más marcado y mejor documentado sobre la absorción de zinc que el café mismo, lo cual pone en perspectiva el papel relativamente menor del café dentro del conjunto más amplio de compuestos dietéticos que modulan la biodisponibilidad de este mineral.
Esto no significa que el zinc sea irrelevante en esta conversación, pero sí significa que, de los cuatro minerales analizados en este artículo, es el que cuenta con la evidencia más débil para sostener una relación directa y consistente con el consumo de café.
EL FACTOR TIEMPO: CUÁNDO IMPORTA REALMENTE
Si hay un mensaje práctico y respaldado por evidencia en toda esta conversación, es que el momento de consumo del café frente a las comidas cambia sustancialmente el resultado.
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El efecto inhibidor sobre el hierro no hemo es más pronunciado cuando el café se consume junto con la comida o dentro de la hora siguiente a ella.
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Separar el consumo de café de las comidas ricas en hierro vegetal por al menos 90 minutos reduce de forma considerable la interferencia, sin requerir eliminar el café de la rutina diaria.
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Acompañar las comidas rica en hierro no hemo con una fuente de vitamina C, como cítricos o pimientos, favorece la absorción de este mineral incluso en presencia de otros compuestos inhibidores, contrarrestando parte del efecto.
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El café frío de extracción lenta contiene aproximadamente 30 por ciento menos ácidos clorogénicos que el café preparado en caliente, lo que se traduce en una inhibición más moderada de la absorción de hierro, aunque el factor tiempo sigue siendo relevante.
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Para quienes toman suplementos de hierro, zinc o calcio, dejar pasar al menos una o dos horas entre el café y la toma del suplemento evita que buena parte de ese beneficio se pierda antes de llegar al torrente sanguíneo.
Esto no significa que exista una fórmula rígida válida para todo el mundo. Significa que un ajuste tan simple como el horario, sin necesidad de renunciar al café, puede marcar una diferencia medible en la cantidad de hierro que el cuerpo realmente aprovecha.
QUIÉN DEBERÍA PRESTAR MÁS ATENCIÓN
No todas las personas están expuestas al mismo nivel de riesgo, y comunicar esto con precisión es tan importante como explicar el mecanismo mismo.
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Mujeres en edad reproductiva, especialmente aquellas con ciclos menstruales abundantes, tienen requerimientos de hierro más altos y márgenes de reserva más estrechos, por lo que la interferencia del café tiene mayor probabilidad de traducirse en un efecto perceptible.
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Personas con dietas predominantemente vegetarianas o veganas dependen casi por completo de hierro no hemo, la forma más sensible a la inhibición por polifenoles, lo que las hace más vulnerables a este mecanismo específico.
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Personas mayores, cuya absorción intestinal de minerales tiende a ser menos eficiente de base, pueden ver amplificado el efecto acumulativo de un consumo diario y sostenido de café a lo largo de los años.
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Consumidores de café muy alto, por encima de las cuatro o cinco tazas diarias, o de nueve tazas en el caso específico del calcio, entran en el rango donde los estudios sí han detectado efectos con mayor relevancia clínica.
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Personas con niveles de ferritina ya marginales o en el límite bajo de lo normal, algo relativamente común en la población general y particularmente en mujeres, constituyen el grupo donde vale la pena prestar atención real a este mecanismo, incluyendo el monitoreo periódico de sus reservas de hierro.
Esto no significa que el resto de la población deba vivir preocupada por su taza de café. Significa que existen grupos concretos, identificables, donde la conversación sobre timing y biodisponibilidad mineral deja de ser un tecnicismo académico y se vuelve una recomendación con aplicación práctica real.
Vale la pena señalar también que estos factores de riesgo no operan de forma aislada, sino que tienden a acumularse en una misma persona. Una mujer joven, con una dieta mayormente vegetariana, que además consume varias tazas de café al día como parte de su rutina de estudio o trabajo, no representa un riesgo teórico marginal, representa la superposición de al menos tres de los factores mencionados arriba. Es en perfiles como este donde la diferencia entre ignorar el mecanismo por completo y aplicar ajustes simples de horario y composición de las comidas puede tener un impacto medible en sus reservas de hierro a lo largo de los meses.
EL CONTEXTO QUE RARA VEZ SE MENCIONA: LA DIETA DE FONDO
Un error común al hablar de interferencias dietéticas como esta es analizarlas de forma aislada, como si el café fuera la única variable que determina el estado mineral de una persona. En la práctica, el efecto del café sobre la absorción de hierro, calcio o zinc no ocurre en el vacío, ocurre encima de un patrón dietético que, en muchos casos, ya llega justo en esos mismos minerales por razones completamente independientes del café.
Varios factores contribuyen a esto. El consumo elevado de alimentos ultraprocesados desplaza a alimentos con mayor densidad de minerales, como legumbres, vegetales de hoja verde, semillas y proteínas de buena calidad. Los patrones de alimentación modernos, con horarios irregulares y comidas más pequeñas y frecuentes, dificultan que una persona concentre en una sola comida las combinaciones que favorecen la absorción mineral, como hierro vegetal junto con vitamina C. Y en el caso específico de las mujeres, los requerimientos de hierro derivados de la menstruación representan una demanda fisiológica que ya deja poco margen de maniobra antes de que cualquier factor adicional, como el café mal cronometrado, empiece a notarse.
Esto no significa que el café sea el responsable de una eventual deficiencia mineral. Significa que el café actúa como un factor más dentro de un sistema, y que su impacto real depende enteramente de qué tan ajustada o tan holgada esté ya la dieta de base de cada persona en esos minerales específicos. Es esta lógica de sistema, y no el café de forma aislada, la que justifica pensar en el refuerzo mineral de forma estratégica.
POR QUÉ ESTO ABRE LA PUERTA A REFORZAR LA INGESTA MINERAL
Aquí es donde el mecanismo biológico y la conversación sobre alimentación funcional se encuentran. Si el café interfiere de manera real, aunque selectiva, con la absorción de ciertos minerales, y si además la dieta moderna ya suele llegar ajustada en varios de esos mismos minerales por razones que van mucho más allá del café (patrones de alimentación con menor densidad nutricional, suelos agrícolas empobrecidos, alto consumo de alimentos ultraprocesados, horarios de comida poco estructurados), entonces reforzar la ingesta mineral de forma estratégica deja de ser un capricho y se convierte en una respuesta razonable a una combinación de factores reales.
Esto puede lograrse de varias maneras, y no todas implican necesariamente un suplemento en cápsula:
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Incorporar alimentos funcionales con alta densidad mineral en momentos del día alejados del consumo de café, de forma que la ventana de absorción no compita con los polifenoles de la bebida.
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Priorizar combinaciones que potencien la absorción, como fuentes de hierro no hemo acompañadas de vitamina C, en comidas donde el café no esté presente.
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Considerar, junto con un profesional de la salud, la suplementación dirigida en personas que ya pertenecen a alguno de los grupos de mayor riesgo mencionados antes, en lugar de suplementar de forma genérica sin conocer el propio estado nutricional.
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Monitorear periódicamente marcadores como la ferritina sérica en personas con alto consumo de café y factores de riesgo adicionales, para tomar decisiones basadas en datos reales del propio cuerpo y no en suposiciones.
Esto no significa que cualquier persona que tome café necesite suplementarse de forma automática. Significa que, cuando existe un mecanismo real de interferencia y, al mismo tiempo, una dieta que ya aporta márgenes estrechos de ciertos minerales, la suplementación estratégica y bien dirigida deja de ser una solución mágica y se convierte en una herramienta razonable dentro de un enfoque más amplio de cuidado nutricional.
Es importante además distinguir entre dos formas de pensar la suplementación, porque suelen confundirse. Una es la suplementación reactiva, que busca corregir una deficiencia ya instalada y confirmada mediante análisis de laboratorio. La otra es la suplementación preventiva o de sostén, pensada para personas que, sin tener una deficiencia diagnosticada, combinan varios factores de riesgo (alto consumo de café, dieta con poca carne, ciclos menstruales abundantes, por ejemplo) y para quienes mantener un aporte mineral más generoso reduce la probabilidad de llegar a ese punto de deficiencia. Ambas son legítimas, pero requieren enfoques distintos: la primera generalmente exige dosis terapéuticas y supervisión médica más cercana, la segunda puede resolverse con ajustes alimentarios y, si se opta por un suplemento, con dosis más moderadas y de uso sostenido.
LOS BENEFICIOS DEL CAFÉ QUE NO HAY QUE PERDER DE VISTA
Ningún análisis honesto sobre el café puede quedarse únicamente en su efecto sobre los minerales, porque eso distorsionaría el panorama completo.
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El café es una de las mayores fuentes de antioxidantes dietéticos en las dietas occidentales, gracias en gran parte a su contenido de ácidos clorogénicos.
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Estudios de intervención en humanos muestran que el consumo regular de café puede elevar los niveles de glutatión y mejorar la protección frente al daño en el ADN, aunque el efecto sobre otros marcadores de daño oxidativo es menos consistente.
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Investigaciones epidemiológicas asocian de forma consistente el consumo regular de café con un menor riesgo de enfermedad hepática, incluyendo cirrosis y carcinoma hepatocelular.
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Varios estudios prospectivos de gran tamaño han encontrado una asociación inversa entre el consumo habitual de café y la incidencia de diabetes tipo 2, en parte atribuida a los efectos de los ácidos clorogénicos y otros compuestos hidroxicinámicos sobre la sensibilidad a la insulina y la inflamación.
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El consumo regular de café se ha asociado también con un menor riesgo de enfermedad de Parkinson y con una posible asociación protectora frente al deterioro cognitivo en estudios longitudinales de largo plazo.
Esto no significa que el café sea un sustituto de una alimentación equilibrada ni una solución universal. Significa que cualquier conversación seria sobre sus efectos en la absorción mineral debe sostenerse junto a esta otra evidencia, no en su lugar, para que la persona pueda formarse un panorama completo y no solo una advertencia parcial.
UNA TAZA, MUCHOS MATICES
Pocas cosas en nutrición son tan simples como una advertencia rotunda quisiera hacerlas parecer. El café no es un enemigo silencioso de los minerales, tampoco es una bebida sin ningún costo metabólico. Es, como la mayoría de los alimentos que consumimos a diario, un conjunto de compuestos que interactúan con el resto de la dieta de maneras específicas, medibles y, sobre todo, manejables. Entender el mecanismo detrás de un hábito tan cotidiano como una taza de café no busca generar culpa ni tampoco una falsa sensación de inmunidad. Busca devolverle a cada persona la capacidad de tomar decisiones informadas, ajustando pequeños detalles como el horario o el acompañamiento de una comida, en lugar de vivir atrapada entre el miedo y la negación frente a algo que, entendido con precisión, deja de ser un dilema y se convierte simplemente en una variable más dentro de un estilo de vida saludable.
REFERENCIAS
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Massey LK, Wise KJ. The effect of dietary caffeine on urinary excretion of calcium, magnesium, sodium and potassium. Análisis agrupado que reporta un aumento agudo de hasta 45 por ciento en la excreción urinaria de magnesio tras una dosis promedio de cafeína.
Daily All Day. How high coffee consumption raises magnesium needs. Describe el efecto adicional y más modesto de los polifenoles del café sobre la absorción intestinal inicial de magnesio.
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Revisión sobre café y diabetes tipo 2, PMC. Analiza los mecanismos por los cuales los ácidos clorogénicos y compuestos hidroxicinámicos del café podrían mejorar la sensibilidad a la insulina.
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