La luz del sol: el suplemento de los suplementos

La luz del sol: el suplemento de los suplementos

En un mundo que gira cada vez más en interiores, rodeados de pantallas y techos, hemos olvidado algo tan fundamental como mirar al cielo. La luz del sol, ese regalo ancestral que acompaña la vida desde su origen, es más que un simple fenómeno ambiental: es un nutriente, una señal biológica, un suplemento natural que interactúa directamente con nuestro sistema inmunológico, endocrino y neurológico. Desde la mirada funcional de la salud, comprender y reconectar con la luz solar es clave para tratar la inflamación y prevenir enfermedades crónico degenerativas como la diabetes, la demencia o el síndrome de intestino permeable. 

 

¿Por qué es tan importante la luz del sol para la salud humana?

 

El cuerpo humano ha evolucionado en sinergia con el sol. No solo regula nuestros ritmos circadianos, sino que activa procesos esenciales como la producción de vitamina D, el equilibrio hormonal y el estado de ánimo. Hoy sabemos que el sol es una fuente de salud que impacta todos los niveles del organismo.

La vitamina D, por ejemplo, es producida principalmente a través de la exposición solar. Este nutriente modula más de 200 genes y participa en funciones inmunológicas clave. Un estudio publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism revela que más del 80% de las personas con deficiencia de vitamina D también presentan marcadores de inflamación elevados, lo que sugiere una relación directa entre falta de sol e inflamación crónica (Mendes et al., 2021).



Procesos biológicos asociados a la luz del sol

 

La luz solar activa múltiples procesos en el cuerpo humano. Entre los más destacados:

  • Síntesis de vitamina D: Los rayos UVB interactúan con la piel y transforman el colesterol en vitamina D3, esencial para huesos, inmunidad y funciones cognitivas.

 

  • Regulación del reloj circadiano: La luz matutina regula el ciclo sueño-vigilia y optimiza la producción de melatonina por la noche. Estudios han mostrado que una buena exposición solar reduce el insomnio y mejora la calidad del descanso (Wright et al., 2013).

 

  • Producción de serotonina: La exposición a la luz solar eleva los niveles de serotonina, lo que mejora el estado de ánimo y puede prevenir cuadros depresivos. De hecho, se ha documentado su uso como terapia coadyuvante en casos de trastorno afectivo estacional.

También se ha demostrado que la exposición al sol promueve la producción de óxido nítrico en la piel, una molécula clave para reducir la presión arterial y mejorar la función vascular (Feelisch et al., 2010).

 

 

Deficiencia por falta de sol

 

La carencia de exposición solar es una pandemia silenciosa, especialmente en contextos urbanos. La vida moderna, con horarios laborales prolongados en espacios cerrados, ha incrementado los casos de hipovitaminosis D, alteraciones del sueño, trastornos metabólicos y mayor riesgo de enfermedades autoinmunes y neurodegenerativas.

En México, se estima que entre el 50% y 70% de la población tiene deficiencia de vitamina D, a pesar de vivir en una región con abundante luz solar (Rivas-Ruiz et al., 2020). La causa principal no es la geografía, sino el estilo de vida y la sobreprotección solar que impide una exposición saludable.




Tips para absorber lo mejor del sol

 

Aprovechar la luz solar de forma terapéutica es sencillo si se hace con conciencia. Aquí algunas recomendaciones respaldadas por la evidencia:

 

  • Exposición diaria moderada: Entre 10 y 30 minutos al día de sol directo en la piel (brazos, piernas o rostro), dependiendo del tipo de piel y la hora, pueden ser suficientes.

 

  • Prioriza la luz de la mañana: Salir a caminar entre las 7 y las 9 am permite una exposición suave que regula el reloj biológico y evita el daño solar.

 

  • No bloquees siempre el sol: Usa protector solar de forma inteligente. Para recibir los beneficios, permite que una parte del día tu piel esté expuesta sin bloqueadores, especialmente durante los primeros minutos.

 

 

Referencias

Feelisch, M., Kolb-Bachofen, V., Liu, D., Lundberg, J. O., Revelo, L. P., Suschek, C. V., & Weller, R. B. (2010). Is sunlight good for our heart? European Heart Journal, 31(9), 1041–1045. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehq069

Mendes, M. M., Hart, K. H., Lanham-New, S. A., & Botelho, P. B. (2021). Vitamin D status and markers of chronic low-grade inflammation in older adults: A systematic review and meta-analysis. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 106(1), e1–e19. https://doi.org/10.1210/clinem/dgaa665

Rivas-Ruiz, R., Martínez-Núñez, J. M., Saldaña-Cruz, A. M., & Hernández-González, S. O. (2020). Prevalencia de deficiencia de vitamina D en México: Una revisión sistemática. Salud Pública de México, 62(4), 345–354. https://www.scielosp.org/article/spm/2020.v62n4/345-354/

Wright, K. P., McHill, A. W., Birks, B. R., Griffin, B. R., Rusterholz, T., & Chinoy, E. D. (2013). Entrainment of the human circadian clock to the natural light-dark cycle. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(20), 10145–10150. https://doi.org/10.1073/pnas.1215295110

 

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