Durante mucho tiempo, la fibromialgia fue una de las condiciones más incomprendidas dentro de la medicina. Muchas personas que la padecían vivían con dolor generalizado, fatiga intensa, sueño no reparador y dificultad para concentrarse, pero sus estudios de laboratorio, radiografías o exploraciones convencionales solían aparecer normales. Esa ausencia de una lesión visible llevó a interpretaciones erróneas: que era un problema emocional, que era exageración, que era falta de actividad física o incluso que “no había nada”.
Hoy la visión científica ha cambiado. La fibromialgia se reconoce como un síndrome de dolor crónico complejo, caracterizado por una alteración en la forma en la que el sistema nervioso procesa y amplifica las señales de dolor. No se trata de un dolor imaginario. Se trata de un dolor real, asociado a cambios en la nocicepción, en la regulación del sistema nervioso, en el sueño, en las vías de modulación del dolor y, en algunos pacientes, posiblemente en fibras nerviosas pequeñas, mecanismos inmunológicos y el eje intestino-cerebro.
La fibromialgia no es una enfermedad simple ni homogénea. Es un síndrome multisistémico en el que pueden converger dolor nociplástico, fatiga, disautonomía, alteraciones del sueño, hipersensibilidad sensorial, síntomas digestivos, cambios emocionales y deterioro funcional. Por eso, cada vez se habla más de subtipos, fenotipos y medicina personalizada.
¿Qué es la fibromialgia?
La fibromialgia es una condición crónica caracterizada principalmente por dolor generalizado, fatiga, alteraciones del sueño y síntomas cognitivos. El CDC la describe como una enfermedad que puede causar dolor crónico en todo el cuerpo, fatiga, malestar emocional o mental y problemas de sueño. También señala que no existe una cura única, pero que los síntomas pueden manejarse mediante autocuidado, terapias y medicamentos.
Desde una perspectiva clínica moderna, la fibromialgia se clasifica dentro de los síndromes de dolor centralizado o dolor nociplástico. Esto significa que el problema no necesariamente está en una articulación inflamada, un músculo lesionado o un nervio comprimido. El problema principal puede estar en la forma en que el sistema nervioso detecta, interpreta, amplifica y regula las señales corporales. La American Family Physician la define como un síndrome de dolor centralizado caracterizado por procesamiento alterado de estímulos dolorosos.
El término “dolor nociplástico” es especialmente importante. La International Association for the Study of Pain lo define como dolor que surge de una nocicepción alterada, sin evidencia clara de daño tisular que explique por completo el dolor, ni una lesión del sistema somatosensorial que lo clasifique como dolor neuropático puro. En otras palabras, en la fibromialgia el sistema de alarma del dolor puede permanecer encendido o hiperreactivo aun cuando no exista una lesión proporcional al nivel de dolor que siente la persona.
El dolor no siempre significa daño
Uno de los puntos más importantes para entender la fibromialgia es distinguir entre dolor y daño. En muchas condiciones agudas, el dolor cumple una función protectora: aparece cuando hay una lesión, inflamación o amenaza tisular. Pero en el dolor crónico, especialmente en el dolor nociplástico, esta relación se vuelve menos directa.
En fibromialgia, el sistema nervioso puede amplificar señales normales del cuerpo y convertirlas en dolor. Estímulos como presión ligera, frío, calor, movimiento moderado, estrés, falta de sueño o tensión muscular pueden sentirse de forma desproporcionada. Esto explica dos fenómenos frecuentes:
La hiperalgesia, que es una respuesta aumentada ante estímulos dolorosos. La alodinia, que es dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían doler, como un toque suave o la presión de la ropa.
Por eso, decirle a una persona con fibromialgia “tus estudios están normales” no significa que no tenga dolor. Significa que las herramientas convencionales no siempre detectan los mecanismos que están participando en ese dolor.
Síntomas principales
Aunque el dolor generalizado es el síntoma más conocido, la fibromialgia rara vez se presenta solo como dolor. Es frecuente que se acompañe de un conjunto amplio de manifestaciones físicas, cognitivas, emocionales y digestivas.
Los síntomas más comunes incluyen dolor corporal generalizado, rigidez, sensibilidad aumentada al tacto, fatiga persistente, sueño no reparador, dificultad para concentrarse, problemas de memoria, cefaleas, ansiedad, depresión, hormigueos, sensibilidad a la luz, sensibilidad al ruido, colon irritable y sensación de agotamiento después de esfuerzos que antes eran tolerables.
El CDC menciona como síntomas frecuentes el dolor y rigidez en todo el cuerpo, fatiga, depresión, ansiedad, problemas de sueño, dificultad para pensar, recordar o concentrarse, además de cefaleas, migrañas, hormigueo, entumecimiento, dolor mandibular y síntomas digestivos.
La llamada “niebla mental” o fibro fog es una de las manifestaciones más limitantes. No se trata solamente de estar distraído. Muchas personas describen dificultad para encontrar palabras, recordar información reciente, sostener atención, realizar varias tareas o mantener claridad mental durante el día. Este síntoma puede empeorar con falta de sueño, dolor intenso, estrés, sobrecarga sensorial o exceso de actividad.
¿A quién afecta más?
La fibromialgia puede afectar a cualquier persona, pero se diagnostica con mayor frecuencia en mujeres. También puede presentarse en hombres, adolescentes y adultos mayores, aunque históricamente ha sido subdiagnosticada o malinterpretada en varios grupos.
El CDC señala como factores de riesgo el sexo femenino, la edad media o avanzada, antecedentes familiares y la presencia de enfermedades como lupus, artritis reumatoide u osteoartritis. También puede aparecer o intensificarse después de infecciones, lesiones físicas, cirugías, accidentes, estrés intenso o eventos traumáticos.
Esto no significa que la fibromialgia sea “causada por estrés” en un sentido simplista. Más bien, el estrés físico, emocional, inmunológico o infeccioso puede actuar como detonante en personas con susceptibilidad biológica. En algunos casos, la condición parece desarrollarse después de una combinación de factores: predisposición genética, alteración del sueño, infección, trauma, hipervigilancia del sistema nervioso, dolor persistente previo o enfermedades inflamatorias coexistentes.
Cómo se diagnostica
No existe una prueba única de sangre, imagen o laboratorio que confirme por sí sola la fibromialgia. Esto ha sido una de las principales razones de confusión. Sin embargo, la ausencia de una prueba específica no significa ausencia de enfermedad.
El diagnóstico se basa en la historia clínica, la distribución del dolor, la severidad de síntomas, la duración del cuadro y la evaluación de otras posibles causas. NIAMS explica que actualmente no existen pruebas específicas de laboratorio o imagen para diagnosticar fibromialgia; el diagnóstico se basa principalmente en dolor en todo el cuerpo junto con otros síntomas.
Los criterios revisados del American College of Rheumatology de 2016 consideran fibromialgia cuando se cumplen varios puntos: índice de dolor generalizado elevado, severidad de síntomas significativa, dolor en al menos cuatro de cinco regiones corporales y síntomas presentes durante al menos tres meses. Además, estos criterios reconocen algo muy importante: el diagnóstico de fibromialgia puede ser válido incluso si existen otras enfermedades. Es decir, una persona puede tener fibromialgia y también hipotiroidismo, artritis reumatoide, lupus, endometriosis, migraña, síndrome de intestino irritable, síndrome de fatiga crónica o dolor posviral.
Esto cambió la manera de entenderla. La fibromialgia ya no debe verse solo como un diagnóstico de exclusión absoluta. Se deben descartar condiciones que expliquen mejor el cuadro, pero también se reconoce que puede coexistir con otras enfermedades.
Qué ocurre en el cuerpo: mecanismos principales
1. Sensibilización central
La sensibilización central es uno de los mecanismos más aceptados. Consiste en una amplificación de señales dentro del sistema nervioso central. El cerebro y la médula espinal se vuelven más reactivos, los umbrales de dolor disminuyen y estímulos cotidianos pueden percibirse como dolorosos o agotadores.
Esto puede explicar por qué el dolor se vuelve generalizado, por qué cambia de lugar, por qué aumenta con el estrés o la falta de sueño y por qué no siempre se relaciona con una lesión localizada. La sensibilización central también puede contribuir a hipersensibilidad a luz, ruido, temperatura, olores o estímulos táctiles.
2. Alteración de las vías descendentes del dolor
El cerebro no solo recibe señales de dolor; también las modula. Existen vías descendentes que pueden inhibir o facilitar la percepción del dolor. En condiciones normales, estas vías ayudan a filtrar señales y evitar que cualquier estímulo menor se convierta en dolor intenso.
En fibromialgia, se ha propuesto que puede existir una menor capacidad inhibitoria y una mayor facilitación del dolor. Esto significa que el sistema nervioso no logra “bajar el volumen” de las señales dolorosas con la misma eficacia. Por eso, el dolor puede persistir aunque no exista daño activo evidente.
3. Sueño no reparador
El sueño es una pieza central. Muchas personas con fibromialgia duermen, pero no descansan. Pueden despertar cansadas, con rigidez, dolor aumentado o sensación de no haber recuperado energía.
El sueño deficiente aumenta la sensibilidad al dolor, altera la regulación emocional, reduce tolerancia al esfuerzo, afecta memoria y concentración, y puede intensificar inflamación de bajo grado. Por eso, en fibromialgia el sueño no debe verse como un síntoma secundario, sino como un posible motor del cuadro.
Mejorar el sueño no siempre elimina el dolor, pero puede reducir la intensidad de los brotes, mejorar energía y aumentar tolerancia al movimiento.
4. Sistema nervioso autónomo
El sistema nervioso autónomo regula funciones involuntarias como frecuencia cardiaca, presión arterial, digestión, sudoración, temperatura corporal y respuesta al estrés. En fibromialgia, muchas personas reportan síntomas que sugieren alteraciones autonómicas: palpitaciones, intolerancia al frío o al calor, mareo al ponerse de pie, sudoración irregular, problemas digestivos, manos frías o sensación de estar en alerta constante.
Esto conecta la fibromialgia con una idea más amplia: el cuerpo puede permanecer en un estado de amenaza fisiológica. Cuando el sistema nervioso interpreta señales internas como peligrosas, puede amplificar dolor, tensión, fatiga y ansiedad.
5. Fibras nerviosas pequeñas
Una de las líneas más importantes de investigación reciente es la participación de las fibras nerviosas pequeñas. Estas fibras participan en la percepción de dolor, temperatura y funciones autonómicas. No se evalúan fácilmente con estudios neurológicos convencionales, por lo que durante años pudieron pasar desapercibidas.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Diagnostics evaluó 20 estudios con 903 pacientes con fibromialgia. Los autores encontraron que aproximadamente la mitad de los pacientes presentaban datos de alteración de fibras pequeñas, tanto somáticas como autonómicas, aunque con alta heterogeneidad entre estudios.
Este hallazgo es muy relevante porque sugiere que, en un subgrupo de personas, la fibromialgia podría incluir también componentes periféricos medibles. No significa que todos los casos sean neuropatía de fibras pequeñas, ni que la fibromialgia sea únicamente una enfermedad nerviosa periférica. Pero sí apoya la idea de que no es un síndrome uniforme.
6. Inmunidad y neuroinflamación
Otra línea emergente es la participación del sistema inmune. En 2021, un estudio publicado en Journal of Clinical Investigation transfirió IgG purificada de pacientes con fibromialgia a ratones y observó que los animales desarrollaban hipersensibilidad mecánica y al frío. Los autores plantearon que mecanismos dependientes de anticuerpos podrían contribuir a síntomas en un subgrupo de pacientes.
También se han investigado células inmunes periféricas, como los neutrófilos, y su posible participación en la generación o mantenimiento del dolor. Estos hallazgos no permiten afirmar que la fibromialgia sea una enfermedad autoinmune clásica, pero sí muestran que la relación entre inmunidad y dolor es más importante de lo que se pensaba.
La idea de neuroinflamación debe manejarse con cuidado. No significa que todos los pacientes tengan inflamación sistémica detectable en análisis convencionales, ni que un antiinflamatorio común vaya a resolver el cuadro. Significa que podrían existir señales inmunes, gliales o inflamatorias de bajo grado participando en la sensibilización del sistema nervioso.
7. Microbiota y eje intestino-cerebro
Una de las áreas más novedosas es la relación entre microbiota intestinal y fibromialgia. En 2025, un estudio publicado en Neuron reportó que el trasplante de microbiota fecal de pacientes con fibromialgia a ratones libres de gérmenes inducía hipersensibilidad al dolor y cambios moleculares similares a los observados en pacientes. Además, el reemplazo con microbiota de donadores sanos redujo ciertos rasgos de dolor en el modelo animal.
Este estudio es muy importante porque va más allá de observar diferencias en bacterias intestinales. Sugiere que la microbiota podría participar activamente en mecanismos de dolor, al menos en modelos preclínicos. Sin embargo, no significa que la fibromialgia se cure con probióticos o con una dieta específica. Todavía hacen falta ensayos clínicos en humanos para saber qué intervenciones sobre microbiota podrían tener efecto real, en qué pacientes, con qué duración y bajo qué condiciones.
La conexión intestino-cerebro puede explicar por qué muchas personas con fibromialgia también presentan síndrome de intestino irritable, distensión, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento o sensibilidad alimentaria. El intestino no solo digiere alimentos; también participa en inmunidad, metabolismo, producción de señales neuroactivas y comunicación con el sistema nervioso.
Qué ha salido nuevo sobre fibromialgia
1. La fibromialgia se está entendiendo como un síndrome con subtipos
Uno de los cambios más importantes es que la fibromialgia ya no se estudia como si todos los pacientes fueran iguales. La investigación actual busca identificar fenotipos: pacientes con predominio de dolor generalizado, con predominio de fatiga, con más disautonomía, con alteración de fibras pequeñas, con síntomas digestivos, con alteraciones del sueño, con datos inmunológicos o con solapamiento con long COVID o síndrome de fatiga crónica.
Una revisión de 2026 sobre biomarcadores emergentes y fenotipado digital señala que se están explorando marcadores neuroinflamatorios, neuroendocrinos, autonómicos, moleculares, metabolómicos, transcriptómicos y herramientas digitales para mejorar la evaluación y personalización del manejo en fibromialgia.
Esto puede cambiar el futuro del diagnóstico. En lugar de depender solo de cuestionarios y síntomas, podrían integrarse biomarcadores, sensores, patrones de sueño, datos de actividad, pruebas autonómicas, perfiles metabólicos o análisis de subgrupos.
2. Microbiota como posible modulador del dolor
El hallazgo del estudio de Neuron en 2025 abrió una línea muy prometedora: la microbiota intestinal podría participar en el dolor de la fibromialgia a través de rutas inmunes, metabólicas y nerviosas. Esto no convierte a los probióticos en tratamiento validado, pero sí da fuerza a la idea de estudiar dieta, fibra, metabolitos microbianos, permeabilidad intestinal y eje intestino-cerebro en esta condición.
3. Neuromodulación no invasiva en casa
Otra línea reciente es la neuromodulación. Un ensayo clínico aleatorizado publicado en JAMA Network Open en 2025 evaluó estimulación transcraneal de corriente directa aplicada en casa, combinada con ejercicio y educación en neurociencia del dolor, en mujeres con fibromialgia. La intervención redujo la interferencia del dolor en la vida diaria en comparación con estimulación simulada, con beneficios que se mantuvieron durante el seguimiento.
La importancia de este estudio es que propone una estrategia dirigida al sistema nervioso central, no invasiva y potencialmente escalable. Sin embargo, no debe interpretarse como una solución universal. Todavía se requiere definir qué pacientes responden mejor, cuánto dura el beneficio, qué protocolos son más seguros y cómo integrarla con ejercicio, sueño y manejo psicológico.
4. Naltrexona a baja dosis: interés, pero evidencia todavía limitada
La naltrexona a baja dosis ha recibido mucha atención por su posible acción sobre microglía, neuroinflamación y modulación inmune. Se ha usado de forma off-label en dolor crónico y fibromialgia. Sin embargo, la evidencia todavía es mixta y no permite presentarla como tratamiento establecido para todos los pacientes.
El interés científico continúa, pero la comunicación debe ser responsable: puede ser una línea prometedora, no una solución confirmada. Su uso debe ser evaluado por profesionales de salud, considerando indicaciones, contraindicaciones, interacciones y seguimiento.
5. Nueva aprobación farmacológica en Estados Unidos
En agosto de 2025, la FDA aprobó Tonmya, tabletas sublinguales de clorhidrato de ciclobenzaprina, para el tratamiento de fibromialgia en adultos. La carta oficial de aprobación de la FDA indica que el producto fue aprobado para esta indicación.
Este dato es relevante porque, en Estados Unidos, durante años las principales opciones aprobadas para fibromialgia fueron duloxetina, milnaciprán y pregabalina. La aprobación de una formulación sublingual de ciclobenzaprina representa una nueva opción farmacológica en ese país. Sin embargo, aprobación por FDA no significa automáticamente disponibilidad o aprobación en otros países. Para comunicación en México, sería necesario revisar el estatus regulatorio local antes de hablar de disponibilidad terapéutica.
6. Solapamiento con long COVID y síndrome de fatiga crónica
Después de la pandemia, aumentó el interés en la relación entre fibromialgia, síndrome de fatiga crónica/encefalomielitis miálgica y long COVID. Muchas personas con long COVID reportan fatiga persistente, dolor, niebla mental, sueño no reparador, intolerancia al esfuerzo y síntomas autonómicos, lo que se parece a algunos perfiles de fibromialgia.
Esto no significa que sean la misma enfermedad. Pero sí sugiere que podrían compartir rutas fisiopatológicas: disfunción autonómica, inflamación persistente de bajo grado, alteraciones inmunológicas, problemas mitocondriales, sensibilización central, trastornos del sueño y cambios en la percepción corporal.
Tratamiento: por qué debe ser multimodal
La fibromialgia rara vez responde bien a una sola intervención. El abordaje más aceptado es multimodal: educación, ejercicio gradual, sueño, apoyo psicológico, manejo del estrés, tratamiento de comorbilidades y medicamentos seleccionados según el perfil de síntomas.
Educación del paciente
La educación es terapéutica. Entender que el dolor es real, pero que no siempre significa daño activo, puede reducir miedo al movimiento, ansiedad, catastrofización y sobrebúsqueda de pruebas médicas. La AAFP señala que establecer el diagnóstico y educar al paciente puede tranquilizar y reducir pruebas innecesarias.
Esto no significa minimizar el dolor. Significa darle a la persona un marco más preciso para entender lo que ocurre en su cuerpo.
Ejercicio gradual
El ejercicio es una de las intervenciones con mayor respaldo. Las recomendaciones EULAR para fibromialgia encontraron que el ejercicio fue la única intervención con recomendación fuerte a favor.
El error más frecuente es indicar ejercicio intenso demasiado pronto. Muchas personas con fibromialgia presentan intolerancia al esfuerzo o brotes después de excederse. Por eso, el ejercicio debe ser gradual, individualizado y progresivo. Puede iniciar con caminatas cortas, movilidad suave, ejercicios acuáticos, fuerza ligera, yoga terapéutico, tai chi o actividad de bajo impacto.
El objetivo no es “forzar” al cuerpo, sino recuperar tolerancia. El progreso debe medirse por función, energía, sueño y reducción de brotes, no solo por intensidad.
Sueño
El sueño debe abordarse como prioridad. Esto puede incluir higiene del sueño, horarios consistentes, reducción de cafeína, manejo de dolor nocturno, respiración, relajación, evaluación de apnea del sueño y, cuando sea necesario, medicamentos que apoyen sueño y dolor.
No dormir bien aumenta sensibilidad al dolor. Por eso, tratar sueño puede mejorar varios síntomas a la vez: fatiga, memoria, estado de ánimo, tolerancia al movimiento y percepción de dolor.
Terapia psicológica y regulación emocional
La terapia psicológica no se recomienda porque “la fibromialgia sea psicológica”. Se recomienda porque el dolor crónico afecta el sistema nervioso, la conducta, la atención, el sueño, el miedo, el estrés y la calidad de vida.
NICE recomienda considerar terapia de aceptación y compromiso o terapia cognitivo-conductual para dolor crónico primario, además de programas de ejercicio supervisado.
Estas herramientas pueden ayudar a reducir evitación del movimiento, mejorar estrategias de afrontamiento, disminuir hipervigilancia, manejar ansiedad y recuperar actividades valiosas.
Medicamentos
Los medicamentos pueden ser útiles, pero su efecto suele ser parcial. Entre las opciones con evidencia se encuentran duloxetina, milnaciprán, pregabalina y amitriptilina en ciertos pacientes. La AAFP señala que estos fármacos pueden ser efectivos, mientras que antiinflamatorios no esteroideos y opioides no han demostrado beneficios claros en fibromialgia y tienen limitaciones importantes.
Esto tiene sentido porque la fibromialgia no es una inflamación articular clásica. Si no hay una condición inflamatoria coexistente, los antiinflamatorios suelen aportar poco. Los opioides tampoco son una estrategia adecuada a largo plazo para dolor nociplástico y pueden empeorar sensibilidad al dolor, dependencia, sueño y función.
Alimentación, microbiota y suplementos: qué se puede decir con cuidado
La alimentación no cura la fibromialgia, pero puede influir en energía, sueño, inflamación de bajo grado, salud intestinal, composición corporal y calidad de vida. Debido al interés creciente en microbiota, cada vez se estudia más la relación entre dieta, intestino y dolor.
Un enfoque razonable puede incluir una dieta rica en vegetales, fibra, proteínas suficientes, grasas saludables, polifenoles, alimentos mínimamente procesados y buena hidratación. También puede ser útil corregir deficiencias específicas como vitamina D, B12, hierro o magnesio cuando están documentadas.
En personas con síndrome de intestino irritable, puede requerirse una estrategia digestiva individualizada. Algunas personas mejoran con ajustes de FODMAPs, reducción de irritantes, manejo de estreñimiento, fibra soluble o apoyo de microbiota. Pero estas intervenciones deben personalizarse, porque la tolerancia digestiva varía mucho.
En cuanto a suplementos, no debe afirmarse que un suplemento trate o cure fibromialgia. Lo responsable es hablar de soporte complementario cuando existe una justificación: sueño, deficiencia documentada, función muscular, salud intestinal, estrés oxidativo o dolor asociado a comorbilidades. Cualquier intervención debe considerar medicamentos, condiciones médicas y seguimiento profesional.
Qué no debe comunicarse sobre fibromialgia
Para evitar mensajes incorrectos, no conviene decir que la fibromialgia es “emocional”, “imaginaria”, “falta de ejercicio”, “pura inflamación”, “autoinmune” como afirmación cerrada, o que se cura con dieta, probióticos, suplementos o desintoxicación.
Tampoco debe decirse que “si los estudios salen normales, no hay nada”. La fibromialgia muestra precisamente que el dolor puede ser real aunque las pruebas convencionales no detecten una lesión estructural.
La forma más precisa de explicarla sería:
La fibromialgia es un síndrome de dolor crónico complejo, asociado a procesamiento alterado del dolor y sensibilización del sistema nervioso. En algunos pacientes pueden participar además alteraciones del sueño, disfunción autonómica, fibras nerviosas pequeñas, mecanismos inmunes, microbiota intestinal, estrés crónico y comorbilidades físicas o emocionales.
Conclusión
La fibromialgia representa uno de los grandes retos de la medicina moderna porque obliga a pensar el dolor de una manera más amplia. No todo dolor crónico viene de una lesión visible. No todo síntoma se explica con una sola prueba. No todos los pacientes tienen el mismo mecanismo.
Hoy sabemos que la fibromialgia es real, compleja y multisistémica. Involucra procesamiento alterado del dolor, sensibilización central, sueño no reparador, fatiga, alteraciones cognitivas y, en algunos subgrupos, posibles componentes autonómicos, inmunes, periféricos e intestinales.
Lo más nuevo en investigación apunta hacia una medicina más personalizada: biomarcadores, fenotipos digitales, neuromodulación, microbiota, fibras pequeñas e inmunidad. Estos avances no significan que ya exista una cura definitiva, pero sí muestran que la fibromialgia está dejando de ser un diagnóstico invisible para convertirse en un campo de investigación biológica cada vez más sólido.
El tratamiento más responsable no busca apagar el dolor con una sola herramienta. Busca reconstruir regulación: dormir mejor, moverse de forma gradual, reducir hipervigilancia, modular estrés, tratar comorbilidades, apoyar salud intestinal, recuperar función y mejorar calidad de vida. En fibromialgia, el objetivo no es exigirle al cuerpo que “aguante más”, sino enseñarle progresivamente a sentirse seguro otra vez.
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