¿Por qué debes cuidar tu piel con fórmulas botánicas?

¿Por qué debes cuidar tu piel con fórmulas botánicas?

Pocas cosas son tan constantes como lo que aplicamos en nuestra piel. Sin embargo, lo que se vende como “cuidado” muchas veces esconde riesgos invisibles.

Un ejemplo claro es la metilisotiazolinona (MI), un conservador muy usado en cremas y toallitas húmedas. Durante años parecía inofensivo hasta que los dermatólogos europeos comenzaron a reportar tantos casos de dermatitis que lo llamaron la “epidemia de alergia cosmética”. ¿La prueba? Cuando la Unión Europea restringió su uso en productos que permanecen en la piel, los casos de alergia bajaron casi a la mitad en solo dos años (Uter et al., 2020).

Algo similar ocurrió con los liberadores de formaldehído: compuestos que, aunque protegen las fórmulas de bacterias, pueden causar reacciones incluso en concentraciones bajísimas. El formaldehído mismo ya está prohibido en la UE porque se reconoce como sensibilizante potente (SCCS, 2021).

Y hay historias más silenciosas: en 2021 se retiraron algunos bloqueadores solares en aerosol en Estados Unidos porque se detectó benceno, un carcinógeno que nunca debió estar ahí. No figuraba en la etiqueta porque no es un ingrediente, sino un contaminante de fabricación. Lo mismo pasa con el 1,4-dioxano, un subproducto de surfactantes que la FDA vigila de cerca porque, aunque invisible al ojo y a la etiqueta, puede colarse en la fórmula.

A esto se suman los llamados “químicos eternos” (PFAS): usados para hacer cosméticos de larga duración y resistencia al agua, pero que permanecen en el ambiente y en el organismo durante años. Aunque la FDA admite que los datos sobre cosméticos aún son limitados, la evidencia general los vincula con riesgos ambientales y de salud a largo plazo.

Con todo esto salen preguntas que todas nos hemos hecho: 

 

¿Qué efectos reales puede tener en mi piel un conservador como la metilisotiazolinona?

 

El principal riesgo es la dermatitis alérgica de contacto: picazón, enrojecimiento y eccema en las zonas de aplicación. En Europa se reportó un aumento tan grande en alergias que se le llamó “epidemia cosmética”. Tras restringirse, los casos bajaron de manera drástica (Uter et al., 2020). Esto demuestra que sí hay consecuencias clínicas y no solo “sensibilidad leve”.

¿Usar productos con liberadores de formaldehído aumenta mi riesgo de cáncer?

El formaldehído es reconocido como carcinógeno humano por inhalación (IARC, 2012). En cosméticos de aplicación tópica el mayor problema es la alergia, pero la UE lo prohibió incluso por esa razón. Aunque la exposición dérmica es distinta a la inhalación, la idea de aplicar repetidamente trazas de un compuesto así sobre la piel no tiene sentido hoy que existen alternativas seguras.

 

¿Los filtros solares químicos pueden alterar mis hormonas o darme cáncer?

 

Filtros como oxybenzone se han detectado en sangre tras uso repetido (Matta et al., 2019; 2020). En laboratorio muestran actividad estrogénica y antiandrogénica, pero en humanos no hay evidencia de que provoquen cáncer o desajustes hormonales. Lo que sí sabemos es que se absorben y por eso cada vez más expertos recomiendan preferir filtros físicos (dióxido de titanio y óxido de zinc) en piel sensible o durante el embarazo.

 

¿El dióxido de titanio daña la piel o la barrera cutánea?

 

No. En cremas no penetra las capas vivas de la piel; se queda en la superficie actuando como escudo físico contra la radiación UV. El problema aparece al inhalar partículas en sprays o polvos, donde la Agencia Europea lo clasifica como “posible cancerígeno por inhalación” (SCCS, 2020). En resumen: en crema fortalece la protección, en aerosoles puede ser riesgoso.

 

¿La hidroquinona puede dejar mi piel peor?

 

Sí, si se abusa de ella. A corto plazo aclara manchas, pero un uso prolongado o sin supervisión puede causar ocronosis exógena, una pigmentación azulada difícil de revertir (Rigopoulos et al., 2007). Además, al debilitar la melanina, la piel queda más vulnerable a la radiación UV si no se usa bloqueador.

 

¿Las fragancias “solo” pueden dar alergia o también afectan la barrera cutánea?

 

Además de la alergia de contacto (uno de los diagnósticos más frecuentes en consultas dermatológicas), algunas moléculas de fragancia pueden aumentar la pérdida transepidérmica de agua (TEWL), debilitando la barrera natural. Por eso, en piel sensible, eccema o rosácea se recomienda usar fórmulas sin fragancia o con alérgenos declarados.

 

¿El alcohol en las fórmulas daña siempre mi piel?

 

No siempre. En concentraciones bajas, ayuda a dar frescura y a solubilizar activos. Pero cuando supera ciertos porcentajes, reseca, debilita los lípidos cutáneos y aumenta la TEWL, lo que significa que la piel pierde agua más rápido y queda más expuesta a irritantes. Si tienes piel sensible o seca, conviene evitar productos con alto contenido de alcohol desnaturalizado.

 

Entonces, ¿qué alternativa tenemos?

 

La cosmética botánica moderna no se limita a “usar plantas” porque suena natural. Se trata de diseñar fórmulas que trabajen en sinergia con la piel y eviten esos riesgos silenciosos y nos ayuden a tener una mejoría en nuestra piel, como nuestra Body Cream

Hidratación profunda: la glicerina es el humectante más estudiado en dermatología, mientras que aceites vegetales como almendra dulce y manteca de karité reparan la barrera lipídica y reducen la pérdida de agua.

• Regeneración y calma: el aloe vera tiene estudios clínicos que demuestran su capacidad para acelerar la cicatrización y reducir la inflamación en quemaduras leves. Y la Hamelia patens (bayetilla), poco conocida fuera de Latinoamérica, ha mostrado en ensayos preclínicos una sorprendente actividad cicatrizante y antimicrobiana.

Antioxidantes naturales: la vitamina E y los polifenoles de la Bayetilla vegetales neutralizan radicales libres y refuerzan la protección frente al fotoenvejecimiento.

Microcirculación y nutrición: los capsaicinoides del chile habanero, usados en dosis seguras, estimulan la circulación dérmica y favorecen la renovación celular.

 

Cómo distinguir una fórmula botánica bien hecha

1. No contiene liberadores de formaldehído, isotiazolinonas ni PFAS.

2. Controla contaminantes invisibles como benceno, 1,4-dioxano y nitrosaminas.

3. Declara alérgenos de fragancia y respeta límites internacionales.

4. Integra activos multifuncionales: cada extracto aporta hidratación, antioxidantes y acción antiinflamatoria.

5. Respeta la biología de la piel: en lugar de forzarla, la acompaña en sus procesos naturales de reparación y protección.

Hoy sabemos más que nunca qué ingredientes cosméticos pueden irritar, sensibilizar o incluso contaminar sin que lo sepamos. La solución no es dejar de cuidar nuestra piel, sino hacerlo con fórmulas diseñadas con rigor: limpias, seguras y multifuncionales.

Las fórmulas botánicas cumplen con ese ideal: combinan el conocimiento ancestral de las plantas con la validación de estudios clínicos y preclínicos modernos. No buscan resultados inmediatos a costa de tu barrera cutánea, sino beneficios reales, duraderos y seguros.

Porque tu piel no necesita más promesas vacías. Necesita ciencia y naturaleza trabajando en equilibrio.

 

Referencias:

 

Uter, W., Schnuch, A., Geier, J., Frosch, P. J., & Gefeller, O. (2020). Epidemiology of isothiazolinone contact allergy in Europe: an analysis of surveillance data, 2009–2018. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, 34(6), 1274–1281. https://doi.org/10.1111/jdv.16103

SCCS (Scientific Committee on Consumer Safety). (2021). Opinion on formaldehyde and para-formaldehyde (sensitisation only). European Commission, SCCS/1632/21. Disponible en: https://health.ec.europa.eu/system/files/2021-04/sccs_o_237.pdf

U.S. Food and Drug Administration (FDA). (2022). FDA updates on benzene contamination in certain sunscreen products. Disponible en: https://www.fda.gov/drugs/drug-safety-and-availability/fda-updates-benzene-contamination-certain-sunscreen-products

U.S. Food and Drug Administration (FDA). (2023). 1,4-Dioxane in Cosmetics. Disponible en: https://www.fda.gov/cosmetics/cosmetic-ingredients/14-dioxane-cosmetics

U.S. Environmental Protection Agency (EPA). (2021). PFAS Explained. Disponible en: https://www.epa.gov/pfas

tel, V., Volpe, D. A., Florian, J., … & Strauss, D. G. (2019). Effect of sunscreen application on plasma concentration of sunscreen active ingredients: a randomized clinical trial. JAMA, 321(21), 2082–2091. https://doi.org/10.1001/jama.2019.5586

Matta, M. K., et al. (2020). Effect of sunscreen application on plasma concentration of sunscreen active ingredients: a randomized clinical trial (phase 2). JAMA, 323(3), 256–267. https://doi.org/10.1001/jama.2019.20747

SCCS (Scientific Committee on Consumer Safety). (2020). Opinion on Titanium Dioxide (TiO₂) used in cosmetic products. SCCS/1617/20. Disponible en: https://health.ec.europa.eu/publications/sccs-opinion-titanium-dioxide_en

Rigopoulos, D., Gregoriou, S., Papanikolaou, V., & Katsambas, A. (2007). Exogenous ochronosis: a review. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, 21(4), 443–448. https://doi.org/10.1111/j.1468-3083.2006.01913.x

Johansen, J. D., Aalto-Korte, K., Agner, T., Andersen, K. E., Bircher, A., Bruze, M., … & Giménez-Arnau, A. (2016). European Society of Contact Dermatitis guideline for diagnostic patch testing – recommendations on best practice. Contact Dermatitis, 75(4), 195–221. https://doi.org/10.1111/cod.12598

Lachenmeier, D. W. (2008). Safety evaluation of topical applications of ethanol on the skin and inside the oral cavity. Journal of Occupational Medicine and Toxicology, 3, 26. https://doi.org/10.1186/1745-6673-3-26

Surjushe, A., Vasani, R., & Saple, D. G. (2008). Aloe vera: A short review. Indian Journal of Dermatology, 53(4), 163–166. https://doi.org/10.4103/0019-5154.44785

Gómez-Beloz, A., & Chávez, N. (2003). Traditional uses of Hamelia patens (Rubiaceae) in Mexican medicine. Journal of Ethnopharmacology, 88(2–3), 267–272. https://doi.org/10.1016/S0378-8741(03)00228-2

Mnekin, C., & Ripoll, L. (2021). Topical cannabinoids: a new therapeutic approach for the treatment of skin disorders. Pharmaceuticals, 14(9), 867. https://doi.org/10.3390/ph14090867

Honfo, F. G., Linnemann, A. R., Akissoe, N. H., Soumanou, M. M., & Van Boekel, M. A. (2013). Nutritional composition of shea products and chemical properties of shea butter: a review. Critical Reviews in Food Science and Nutrition, 54(5), 673–686. https://doi.org/10.1080/10408398.2011.604142

Traber, M. G., & Atkinson, J. (2007). Vitamin E, antioxidant and nothing more. Free Radical Biology and Medicine, 43(1), 4–15. https://doi.org/10.1016/j.freeradbiomed.2007.03.024

Zhou, J., Chen, J., & Liang, J. (2021). Eugenol: properties, pharmacological activities, and mechanisms of action. Journal of Ethnopharmacology, 278, 114305. https://doi.org/10.1016/j.jep.2021.114305



Featured articles